SecuenciaSonar


-------------------------------------------------------------------------------



Thursday, January 26, 2012

SecuenciaSonar



En este nuevo espacio audiovisual mío llamado, SecuenciaSonar, los invito pues para que escuchen y disfruten siempre toda mi lista de hits y novedades musicales y, por supuesto, también de mi repertorio de sketch, irreverencias y otras locuras más.

SecuenciaSonar ha sido diseñado especialmente para que puedan escuchar y usar (libre de derecho de autor) siempre todos mis grooves, beats, loops, phrases, samples y rhythmic sounds, que toco y produzco con mis instrumentos básicamente de percusión. Por eso y sólo como referencia, casi todas o al menos la mayoría de estas producciones musicales, las he categorizado para los charts internacionales y locales también dentro del rubro de música alternativa y de mundo.

Lo único que tendrían que hacer es simplemente sintonizar siempre con su ratón uno de los dos music players que se encuentran ubicados en mi blog. El player más pequeño, por ejemplo, lo podrían encontrar siempre al final de cada post y debajo a la altura de mi firma como autor; y el otro más grande y detallado, lo encontrarían siempre al margen derecho superior de este blog, justo debajo de "La frase del día" y antes de mi biografía.

Sólo para este post y en calidad de primicia, les he etiquetado ahora adicionalmente también un player mucho más completo de SecuenciaSonar, para que puedan escuchar y rastrear en forma mucho más precisa toda la información de este novedoso espacio, así como mis producciones audiovisuales más importantes.



Press kits


Publicación Flujanz
Por © Frederic Luján


Monday, January 02, 2012

Terapia para un enfermo



Hola, amigos flujanófilos. En este nuevo espacio de mi blog que lo he categorizado con el prefijo de SecuenciaSonar... y basado principalmente en sucesiones repetitivas armónicas y acompasadas de sonidos de percusión, inicio también para ustedes, en este tercer día del año dos mil doce, mi primera sesión musical rítmica-terapéutica que la he denominado Secuencia Uno. En este espacio, para variar, tocaré de nuevo algo con mis instrumentos de percusión pero siguiendo esta vez siempre una secuencia rítmica, como en este caso: con un drum (o tambor) de mi batería eléctrica, las cuatro congas, lip blocks, cawbell, clave y maracas.

Por otro lado, y para aquellos que aún no lo saben, como desgraciadamente ya hace un par de años que me han detectado una rara variante de la esclerosis múltiple y encima acompañada de una irreversible y letal inmunopatía con una marcada deficiencia de inmunoglobulina del tipo G (Es curioso, hasta algunos galenos
estudiosos ya también me han vaticinado que en cualquier momento podría explotar, hacer boom, kaput, finito, se acabó la fiesta...), todos estos movimientos epilépticos rítmicos-sonoros que practico siempre con las manos e instrumentos de percusión, me sirve también como una magnífica terapia para sentirme, digamos que no sano, pero siquiera algo fresquito y renovado por un par de horas. Adicionalmente a eso, a Dios gracias que también me desfogo con la literatura y todo esos esperpentos que ustedes ya saben que vomito siempre en mi blog y libros, ya que me sirve mejor que cualquier purgante medicinal que me pudieran dar los médicos para eliminar todas esas toxinas que se me acumulan siempre adentro. Palabra que sí.

Sí, así es amigos, aunque no lo crean, pero así es pues mi realidad y no quiero decir triste ni desdichada, ya que felizmente soy optimista, alegre, o como se dice, me cago
hasta también en la nota de mi propia enfermedad. Por eso que, además, procuro sacarle a este mal siempre el mejor provecho posible; como, por ejemplo, y esto va principalmente a todos mis parroquianos que ya también me han leído mi primera novela ¿Por qué a mí? : Ya estoy también trabajando actualmente con el borrador del quinto capítulo de mi segunda gran obra novelesca y que la he llamado tentativamente, Mórbida fascinación. ¿Cómo la ven?... Caramba, ojalá que el supremo de arriba me dé nomas la suficiente fuerza para terminarla.

Y bueno, mejor vuelvo ahora sobre lo que les estaba contando al comienzo... Sí, justamente por eso y al margen de todos los internamientos ya contados en mi haber en los nosocomios, infusiones, sueros, análisis, pastillas multicolores y hasta supositorios de todo tamaño que me zampan en el culo y que tengo que tomar siempre, pero en especial gracias a todos esos tambores, cajones, latas e instrumentos que toco siempre como loco, que me ayudan también mucho para frenar siquiera en algo esa incurable enfermedad. ¡Es increíble!, deben de ser pues esas frecuencias sonoras que emiten esos instrumentos u objetos, con sus diferentes ondas cíclicas, presión de aire, vibraciones, o sabe Dios qué, y que me perforan el oído a través de los huesecillos auditivos y la endolinfa hasta el cerebro, que automáticamente me produce también ese increíble efecto terapéutico y me mantiene y devuelve el balance interno. Como que me neutralizan, siquiera por un corto espacio, toda esa mierda de dolores y malestares, atrofias, distrofias y adormecimientos, que me va corroyendo poco a poco todo el cuerpo y me debilitan cada vez más. Con decirles que a veces hasta me siento tan eufórico,
in, stone, que, ¡carajo!, no me extrañaría de que me vea yo mismo también un día, ahí, bien sentado encima de una nube, proclamando la salvación del mundo.

Por eso amigos y aunque seguro para algunos esta historia mía les parezca ahora quizá algo patética, por no decir dramática, o piensen tal vez que sea otra flujanada mía de esas más, igual les digo que para los que se sientan malucos o sufran de una enfermedad crónica igual que yo, procuren hacer ustedes también
siempre lo mismo, es decir: Tocar rítmicamente siempre algo. Y no importa que sea para empezar solo la olla de la cocina con una cuchara de sopa; o, bueno, quizá para los más avezados, hasta podrían golpearle también el popis o trasero a su pareja con un objeto blando (con un matamoscas o un periódico enrollado, por ejemplo). ¡Ah, porque eso sí!... hacerlo solamente con la mano creo que ya sería también una mañosería, ¿o no? Ah, sí, y otra cosa, no olviden por favor que los golpes, para que den el resultado terapéutico apropiado, tienen que ser también siempre sincronizados y armoniosamente controlados. Muy importante.

Y ahora, como ejemplo, les invito pues para que vean en este vídeo como golpeo no el poto a mi mujer, pero si a las congas:








Publicación Flujanz
Por
© Frederic Luján Z.

Friday, December 02, 2011

Ritmo, ritmo y más ritmo...


Ritmo, ritmo y más ritmo... Según lo que comentan por ahí, no en vano dicen también de que se trata mas bien de un flujo de movimientos controlados o medidos, sonoros o visuales, generalmente producidos por una ordenación de diferentes elementos según el medio en que te desarrolles o desenvuelvas. Interesante, verdad. Por eso tal vez creo que también todo, pero casi todo lo que se hace en esta vida, inclusive hasta para trabajar, dormir, hacer deporte, comer, divertirse y, para algunos, hasta para robar (actividad que está últimamente también muy en boga), se gobierna por procesos inteligentemente ordenados y repetitivos.

En mi caso específico, prefiero aplicar con gran ahínco esa simetría o digamos que cadencia mejor en la literatura y percusión (mis dos grandes aficiones) Como, por ejemplo, sobre todo cuando construyo mis escritos o narraciones, equilibrando siempre mis historias con un impulso rítmico determinado y dosificado con una mixtura muy especial de diálogos, resúmenes, descripciones y acciones de mis personajes ficticios y que marcan –como muchos ya también se habrán dado cuenta-, también mi propio estilo. Lo mismo podríamos decir con la música o mejor dicho específicamente con la percusión que tanto me entusiasma. Sólo que en este caso ese impulso rítmico ya no lo construyo con estructuras oracionales ni disposición de palabras, sino más bien a través de golpes repetitivos que les doy a mis tambores o a cualquier otro instrumento musical de percusión, ya sea en forma abierta o cerrada, con sonidos altos y bajos, fuertes y débiles, largos y breves; y cuidando siempre, por supuesto, mis propios acentos y figuras musicales que más adelante determinarían también la melodía.

Y bueno, como para demostrar todo esto, les regalo pues ahora este otro combinado rítmico mío hecho con la batería y mis congas.







Publicación Flujanz

Por © Frederic Luján Z.

Tuesday, November 01, 2011

Maldiciendo a mi alter ego Flujanz


¡ADVERTENCIA: POR EL FUERTE CONTENIDO DE LISURAS, ESTE VÍDEO NO SE RECOMIENDA A MENORES NI A PERSONAS RECATADAS!

Sí, es cierto que algunas palabras fuertes como decir improperios, ofensas y, bueno, toda una otra lista de vocablos ásperos malsonantes y chocantes que uno lanza a veces sin querer o intencionalmente a un ser querido, amigos, o simplemente a otra persona que uno casi ni conoce, podrían causar discordia, destruir una vida, provocar odio, desunión, romper un afecto, dolor, y, porqué no, hasta provocar también desbarajustes fisiológicos.

Empero, en cambio, si esos mismos improperios o disonancias vulgares te los dices mejor tú mismo (Tal como yo lo hago a veces también con mi alter ego Flujanz, sin pensarlo mucho, como si se tratara mas bien de una válvula de escape que ahora hay que abrirla de muy adentro, sin vergüenza, ni cobardía), paradójicamente, tendría un efecto más terapéutico y que serviría mas bien como para deshinchar también ese Yo”; ya que, sin querer, a veces a mí también se me infla como un globo y podría un día hasta reventar allá por las alturas y ahí sí que me jodería, ya que me incrustaría igual que un avión kamikaze en la tierra.







Publicación Flujanz
Por © Frederic Luján.Z.

Monday, October 03, 2011

Un arreglo con congas


Por favor, no vayan a pensar de que se trata mas bien de un rito vudú o de santería, o cosa por el estilo. ¡No, no, nada que ver! Lo que pasa, amigos, cuando se trata de bombos, tambores, cajas o cualquier otro instrumento que sirve para pegarle con las manos, como que me excito, me pongo eufórico, eléctrico, vibrante. Eso es todo.

Y que el señor Mat Marino –autor, en verdad, de ese bello título musical de ambiente, Into the deep-, también mejor me perdone, pero es que al escuchar ese bajo y punteo de guitarra casi afrodisíaco suyo y acompañado con ese sensacional juego de notas en el keybord, como que se me ha subido la endorfina y la tentación de ponerle algo más de sabor y calor a su cancioncita ha sido tan grande, que no se me ha ocurrido mejor cosa que introducir pues ahí nomás y de a poquito –como diría también el gran Cantinflas- mis propias variaciones, pegándole eufóricamente como epiléptico –o digamos que mejor como un mono eléctrico- a mis lip blocks y al cuero de las congas.

Afortunadamente, este tipo de música instrumental minimalista de ambientes tipo lounge y que es usada también como música de fondo en muchos salones de hoteles, restaurantes, bares, supermercados, estudios de ejercicios aeróbicos, salones de masajes o de otras aulas, aposentos o cuartos donde se practican también otro tipo de fricciones corporales, este... creo que mejor ya no sigo detallando, se encuentra también libre de derechos de autor. De lo contrario, creo que no solamente me meterían directo a la jaula por incumplir con la ley, sino que, además, ese tal Mat Marino seguro que me masacraría a punta de palazos, por haber tenido la osadía de haberle deformado deliberadamente con otros sonidos esa bella y tan relajada cancioncita ambiental suya.





Publicación Flujanz
Por © Frederic Luján.Z.

Thursday, September 15, 2011

Manos cadenciosas


Como algunos seguramente ya han podido notar, el ritmo y la percusión es algo que lo llevo en la sangre, aparte, claro, de que me sirve, antes de sentarme a escribir con el teclado de la computadora, también como perfecta calistenia matutina para las manos. Por eso, amigos, en este siguiente enlace, me gustaría invitarlos ahora a que vean y escuchen pues en que consiste este otro ejercicio rítmico mío, pero usando esta vez ese magnífico instrumento de percusión idiófono y oriundo del gran Perú (esa linda tierra que también me ha visto crecer) que es el cajón o simplemente caja.








Publicación Flujanz
Por © Frederic Luján Z.

Friday, September 02, 2011

El fideo


La verdad que yo no soy muy seguidor de humoristas alemanes, salvo el de Vicco von Bülow, alias Loriot (1923-2011), para mí uno de los pioneros, por no decir el mejor en cuanto a lo que al humor seco se refiere. En especial, si se trata de representar o, mejor dicho, de parodiar con una sutil ironía las cosas que suceden en la vida cotidiana y esas rigideces de una sociedad lacónica y tan fría como es la alemana.

Uno de sus legendarios episodios o sketch televisivos y que desgraciadamente no ha sido hasta ahora escenificado ni tampoco traducido en texto –al menos en castellano- por nadie, es: el fideo. En ese sketch, por ejemplo, se ve como Loriot (Vicco von Bülow) le declara a su único gran amor Hildegard (Evelyn Hamann, otra gran artista alemana que ya falleció), importunándole por un fideo que va desplazando involuntariamente con su servilleta por el rostro y que le imposibilita todo intento romántico.

Así que ahora les regalo, como algo único y extraordinario, esta siguiente escena en texto que yo mismo también la he traducido y, claro, siempre con mi propio toque de estilo, por supuesto:



Loriot y Hildegard, una pareja de alemanes chapados a la antigua, ambos muy refinados y recatados, cenan ahora en un distinguido restaurante italiano en Frankfurt. Al terminar de comer lo que han pedido –ella, una lasaña de verduras y él un cremoso plato de fettuccine-, Loriot no puede esconder más sus intenciones y es así como nace también esta graciosa escena:

Loriot se acomoda primero bien en su silla, pone los cubiertos encima del plato, y mira en forma cautiva a Hildegard que se encuentra al frente suyo, en el otro extremo de la mesa; luego se limpia la boca con una servilleta y, sin darse cuenta que se le ha quedado pegado ahora a la altura de su labio inferior y el mentón un grasoso fideo en salsa crema de cuatro centímetros, le dice en un tono sinuoso y muy serio:

“Hildegard, ¿sabía que nos conocemos ya casi un año?”

“Sí...”

Es lo único que le contesta ella, y mira sin parpadear sólo ese repulsivo, por no decir asqueroso fideo que se le resbala cada vez más por la boca con dirección hacia el mentón.

“¿Y sabía también, Hildegard, que esta sería como la segunda vez que la invito también a cenar?...”

“Sí, lo sé...”

Dice ahora perpleja y con la cara como paralizada de asco. El fideo sigue desplazándose igual que una lombriz cada vez más hacia el centro de su mentón. Hildegard entreabre más la boca de pura repulsión, torciendo las comisuras de sus labios hacia abajo.

“Hildegard, me gustaría decirle también otra cosa. Me gustaría decirle que yo por usted siento mucho pero mucho más que una mera simpatía, o, no sé... hasta infinitamente más que una simple amistad. Sí, por eso, por eso mismo, Hildegard, yo quisiera ahora también...”

“Usted tiene un...”

Le dice ella ahora y sin haber terminado aún la frase. Como a Loriot, esa esporádica y fugaz intervención de ella le ha parecido mas un complemento, él se pone ahora algo nervioso y continúa hablándole sin dejar siquiera a que termine su frase.

“No, Hildegard, por favor, no me diga mejor ahora nada...” Pestañea tres veces “Antes de que me diga algo, quiero decirle que también hay momentos en la vida como éste, en que, a veces, me basta tan sólo una mirada o una simple contemplación suya para también entenderla.”

“Usted tiene un...”

Insiste ella. Y Loriot, nada. Muy seguro de que los pensamientos de ella también coinciden perfectamente con sus pretensiones, él ni caso le hace y continúa.

“Sí, sí, ya lo sé... y, por favor, no es necesario que insista, ya que estoy casi seguro que en este momento tan importante usted también siente, percibe, exactamente lo mismo que yo.” Loriot vuelve a enderezarse y toma más aire “Hildegard...”

“Usted tiene un..., o, este, perdón, quiero decir que algo se le ha quedado pegado en la boca.”

Abochornado, Loriot coge inmediatamente la servilleta y frota la mitad izquierda de su boca.

“No, no... en el otro lado, más a su derecha”

Loriot vuelve a refregarse pero esta vez toda la boca.

“¿Y?... ¿está todavía?”

“No, ya no está”

Le dice Hildegard por fin aliviada.

Loriot coge ahora su vaso de vino con la mano derecha y se lo toma no quiero decir que en forma pausada, pero sí acompasada; luego saborea el líquido, humedeciendo decentemente sus labios con la punta de la lengua. Mientras que seduce de nuevo a Hildegard con la mirada, se seca bien la boca con la servilleta, sólo que ahora, por desgracia suya, vuelve a aparecer otra vez y sin que él se dé cuenta ese fideo más apachurrado y viscoso que nunca, en el labio superior derecho, casi a la altura de su orificio nasal.

“Hildegard... ¡Míreme, por favor! Pero, ¿por qué no me mira ahora directamente a los ojos? He esperado tanto pero tanto este momento para decírselo y hoy, por fin hoy, creo que ha llegado ese hoy, este, perdón... quiero decir ese, ¡no, hombre!, qué estoy diciendo, digo día. ¡Hildegard, por favor, míreme, míreme bien la cara que quiero decirle también algo muy importante! Deme su mano..."

Loriot arrastra temerosamente sus manos sobre la mesa y acaricia con mucha ternura las manos de Hildegrad. Pero ella, por supuesto, otra vez estática como una momia, mirándole solamente ese horrible fideo, ya casi amarillo y todo aplastado en su boca.


Publicación Flujanz

Por © Frederic Luján Z.