SecuenciaSonar


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C O M U N I C A D O


A mi querido público de lectores y amigos todos, con este pequeño aviso, quisiera por favor que me disculpen pero por motivos estrictamente de tiempo y trabajo que lo necesitaría para terminar y concentrarme sólo en mi segunda novela, en mi blog Flujanz ya no publicaría más artículos ni trabajos literarios hasta durante un tiempo o mejor dicho nuevo aviso. Salvo las producciones musicales y vídeo-clips de SecuenciaSonar, que sí las seguiría divulgando y actualizando cada cierto tiempo en este mismo espacio, así como también en el siguiente link, www.reverbnation.com/secuenciasonar. Por otro lado, no se preocupen que, para todos mis amigos en Facebook y Twitter, seguiré también escribiéndoles como siempre.

En ese sentido, a todos mis fieles seguidores, amigos, lectores y conocidos todos, les pediría que durante este tiempo de ausencia tuvieran también algo de paciencia, que pronto, muy pronto estaría, como siempre, yo y mi excéntrico personaje Flujanz de nuevo con ustedes para seguir deleitando (a unos) o quizá aturdiendo (a otros) con más escritos y ocurrencias mías. Y, bueno, lo fundamental, de paso también ofrecerles, después de mi primera novela ¿Por qué a mí? que ya ha sido publicada también en dos ediciones (2003 y 2008, respectivamente), mi otro gran segundo intento de ficción literaria o, si quieren, llamémoslo una otra historia de esas entripadas mías.


FREDERIC LUJÁN ZEISLER


Alemania, miércoles, 20 de marzo de 2013

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Friday, September 02, 2011

El fideo


La verdad que yo no soy muy seguidor de humoristas alemanes, salvo el de Vicco von Bülow, alias Loriot (1923-2011), para mí uno de los pioneros, por no decir el mejor en cuanto a lo que al humor seco se refiere. En especial, si se trata de representar o, mejor dicho, de parodiar con una sutil ironía las cosas que suceden en la vida cotidiana y esas rigideces de una sociedad lacónica y tan fría como es la alemana.

Uno de sus legendarios episodios o sketch televisivos y que desgraciadamente no ha sido hasta ahora escenificado ni tampoco traducido en texto –al menos en castellano- por nadie, es: el fideo. En ese sketch, por ejemplo, se ve como Loriot (Vicco von Bülow) le declara a su único gran amor Hildegard (Evelyn Hamann, otra gran artista alemana que ya falleció), importunándole por un fideo que va desplazando involuntariamente con su servilleta por el rostro y que le imposibilita todo intento romántico.

Así que ahora les regalo, como algo único y extraordinario, esta siguiente escena en texto que yo mismo también la he traducido y, claro, siempre con mi propio toque de estilo, por supuesto:



Loriot y Hildegard, una pareja de alemanes chapados a la antigua, ambos muy refinados y recatados, cenan ahora en un distinguido restaurante italiano en Frankfurt. Al terminar de comer lo que han pedido –ella, una lasaña de verduras y él un cremoso plato de fettuccine-, Loriot no puede esconder más sus intenciones y es así como nace también esta graciosa escena:

Loriot se acomoda primero bien en su silla, pone los cubiertos encima del plato, y mira en forma cautiva a Hildegard que se encuentra al frente suyo, en el otro extremo de la mesa; luego se limpia la boca con una servilleta y, sin darse cuenta que se le ha quedado pegado ahora a la altura de su labio inferior y el mentón un grasoso fideo en salsa crema de cuatro centímetros, le dice en un tono sinuoso y muy serio:

“Hildegard, ¿sabía que nos conocemos ya casi un año?”

“Sí...”

Es lo único que le contesta ella, y mira sin parpadear sólo ese repulsivo, por no decir asqueroso fideo que se le resbala cada vez más por la boca con dirección hacia el mentón.

“¿Y sabía también, Hildegard, que esta sería como la segunda vez que la invito también a cenar?...”

“Sí, lo sé...”

Dice ahora perpleja y con la cara como paralizada de asco. El fideo sigue desplazándose igual que una lombriz cada vez más hacia el centro de su mentón. Hildegard entreabre más la boca de pura repulsión, torciendo las comisuras de sus labios hacia abajo.

“Hildegard, me gustaría decirle también otra cosa. Me gustaría decirle que yo por usted siento mucho pero mucho más que una mera simpatía, o, no sé... hasta infinitamente más que una simple amistad. Sí, por eso, por eso mismo, Hildegard, yo quisiera ahora también...”

“Usted tiene un...”

Le dice ella ahora y sin haber terminado aún la frase. Como a Loriot, esa esporádica y fugaz intervención de ella le ha parecido mas un complemento, él se pone ahora algo nervioso y continúa hablándole sin dejar siquiera a que termine su frase.

“No, Hildegard, por favor, no me diga mejor ahora nada...” Pestañea tres veces “Antes de que me diga algo, quiero decirle que también hay momentos en la vida como éste, en que, a veces, me basta tan sólo una mirada o una simple contemplación suya para también entenderla.”

“Usted tiene un...”

Insiste ella. Y Loriot, nada. Muy seguro de que los pensamientos de ella también coinciden perfectamente con sus pretensiones, él ni caso le hace y continúa.

“Sí, sí, ya lo sé... y, por favor, no es necesario que insista, ya que estoy casi seguro que en este momento tan importante usted también siente, percibe, exactamente lo mismo que yo.” Loriot vuelve a enderezarse y toma más aire “Hildegard...”

“Usted tiene un..., o, este, perdón, quiero decir que algo se le ha quedado pegado en la boca.”

Abochornado, Loriot coge inmediatamente la servilleta y frota la mitad izquierda de su boca.

“No, no... en el otro lado, más a su derecha”

Loriot vuelve a refregarse pero esta vez toda la boca.

“¿Y?... ¿está todavía?”

“No, ya no está”

Le dice Hildegard por fin aliviada.

Loriot coge ahora su vaso de vino con la mano derecha y se lo toma no quiero decir que en forma pausada, pero sí acompasada; luego saborea el líquido, humedeciendo decentemente sus labios con la punta de la lengua. Mientras que seduce de nuevo a Hildegard con la mirada, se seca bien la boca con la servilleta, sólo que ahora, por desgracia suya, vuelve a aparecer otra vez y sin que él se dé cuenta ese fideo más apachurrado y viscoso que nunca, en el labio superior derecho, casi a la altura de su orificio nasal.

“Hildegard... ¡Míreme, por favor! Pero, ¿por qué no me mira ahora directamente a los ojos? He esperado tanto pero tanto este momento para decírselo y hoy, por fin hoy, creo que ha llegado ese hoy, este, perdón... quiero decir ese, ¡no, hombre!, qué estoy diciendo, digo día. ¡Hildegard, por favor, míreme, míreme bien la cara que quiero decirle también algo muy importante! Deme su mano..."

Loriot arrastra temerosamente sus manos sobre la mesa y acaricia con mucha ternura las manos de Hildegrad. Pero ella, por supuesto, otra vez estática como una momia, mirándole solamente ese horrible fideo, ya casi amarillo y todo aplastado en su boca.


Publicación Flujanz

Por © Frederic Luján Z.

4 comments:

Abel Ver-Val said...

mejor subtitula el video
, saludos de Regensburg

Anonymous said...

¡¡¡GRACIAS, ESTÁ EXCELENTE!!!...
MORDAZ,DIRECTO,IRREVERENTE...

Francisco Canepa

Anonymous said...

Hola Freddy, soy Jaime Montoya y me ha sorprendido verte en el blog sumergido en la literatura urbana. Bien por tí.

Jaime Montoya

Anonymous said...

Asi eres... te pierdes por un tiempo y cuando pienso que no voy a saber nada de ti, zas! Aparece Flujanz...!

Patricia Santos