SecuenciaSonar


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C O M U N I C A D O


A mi querido público de lectores y amigos todos, con este pequeño aviso, quisiera por favor que me disculpen pero por motivos estrictamente de tiempo y trabajo que lo necesitaría para terminar y concentrarme sólo en mi segunda novela, en mi blog Flujanz ya no publicaría más artículos ni trabajos literarios hasta durante un tiempo o mejor dicho nuevo aviso. Salvo las producciones musicales y vídeo-clips de SecuenciaSonar, que sí las seguiría divulgando y actualizando cada cierto tiempo en este mismo espacio, así como también en el siguiente link, www.reverbnation.com/secuenciasonar. Por otro lado, no se preocupen que, para todos mis amigos en Facebook y Twitter, seguiré también escribiéndoles como siempre.

En ese sentido, a todos mis fieles seguidores, amigos, lectores y conocidos todos, les pediría que durante este tiempo de ausencia tuvieran también algo de paciencia, que pronto, muy pronto estaría, como siempre, yo y mi excéntrico personaje Flujanz de nuevo con ustedes para seguir deleitando (a unos) o quizá aturdiendo (a otros) con más escritos y ocurrencias mías. Y, bueno, lo fundamental, de paso también ofrecerles, después de mi primera novela ¿Por qué a mí? que ya ha sido publicada también en dos ediciones (2003 y 2008, respectivamente), mi otro gran segundo intento de ficción literaria o, si quieren, llamémoslo una otra historia de esas entripadas mías.


FREDERIC LUJÁN ZEISLER


Alemania, miércoles, 20 de marzo de 2013

www.fredericlujan.com

www.flujanz.blogspot.com

www.reverbnation.com/secuenciasonar




Monday, July 27, 2009

¡Oh, Flujanz, qué te han hecho!


Amigos lectores, así como existen relaciones reales entre personas, esposo y esposa, amigo y amiga, padre e hijo, tío y sobrino, maestro y discípulo, jefe y subalterno, existen también esas otras, las platónicas por no decir oníricas entre el escritor y sus personajes. Y una de ellas es justamente esa que tiene el autor Frederic Luján con ese, digamos que estrambótico personaje y figura suya que merodea siempre en su interior como fantasma, llamado Flujanz.

A ver, amigos, veamos pues cómo es que se desarrolla esta historia:




Eran las diez de la mañana y alguien había dejado olvidado una caja, justo en la misma puerta de entrada de la casa de Frederic Luján.





Como Frederic Luján, aún abstraído con el relato que ya había empezado a escribir sobre Flujanz (el personaje principal de su página literaria de Internet), quería salir rápido a la calle para comprar un fardo de hojas en blanco ya que se le habían acabado, se topó de repente muy sorprendido con la caja.





Dentro de sus lucubraciones y pensando, claro, siempre en la última línea que quería, o mejor dicho le faltaba escribir de su relato, recogió ansiosamente la caja y la puso encima de la mesita de su sala como si se tratara de un cofre de Pandora, para proceder luego a abrirla.





“¡OH, FLUJANZ, QUÉ TE HAN HECHO!”, fue lo único que atinó a decir.





Frederic Luján cayó desplomado en su sillón y tocándose el corazón con la mano como echándose la culpa, pensó: “Yo sabía que un día de estos ibas a terminar así. ¡Malditos lectores!”





No sé como, pero un haz de luz volvió a iluminar el pensamiento de Frederic Luján y fue así como se imaginó que Flujanz volvía a sonreírle con socarronería, como siempre, felizmente.



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Por © Frederic Luján

Todas las fotos han sido tomadas gracias también a la colaboración de Girogio Bikkal Avalos

Thursday, July 16, 2009

Biografie, Frederic Lujan (Audio-Deutsch)


Sólo para mis lectores en alemán
(Nur für meine Leser in Deutsch
)


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Mehr über den Autor, erfahren Sie hier: www.fredericlujan.com

Tuesday, June 30, 2009

¿Y qué nos dice la fábula?...




En esta época en que la vida es dura, durísima, ¡caramba!, qué dichosos aquellos que siempre se jaranean rico, consumiendo pisco sauer y cebiche, y cantando por o debajo del puente (como siempre) la flor de la canela, con airosa caminada, jazmines en el pelo y rosas en la cara.

Sí, así es amigos, por eso y pensando sólo en esos juerguistas consuetudinarios y trovadores criollos (por no decir marrulleros y chupamedias ), bien papeados y todo siempre bien facilito nomás, fervientes consumidores de la dulce vida y de potajes ardientes, que se me ha ocurrido
también adjuntarles esta nueva versión ( la peruana, por supuesto) de la fábula de la hormiga y la cigarra...

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La hormiga y la cigarra
(Versión peruana)


La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.

Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.

Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

La cigarra tiritando organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y hambre.

La televisión organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades y a la vez muestran extractos del video de la hormiga bien calientita en su casa y con la mesa llena de comida.

Los Peruanos se sorprenden de que en un país con crecimiento como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra mientras hay otros que viven en la abundancia.

Las asociaciones contra la pobreza y de Derechos Humanos se manifiestan delante de la casa de la hormiga.

Los periodistas organizan una serie de artículos en los que cuestionan como la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra e instan al gobierno a que aumente los impuestos de la hormiga de forma que éstas (las cigarras) puedan vivir mejor.

Respondiendo a las encuestas de Opinión, el gobierno elabora una ley sobre la igualdad económica y una ley con carácter retroactivo, anti-discriminación.

Los impuestos de la hormiga han aumentado y además le llega una multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano.

Las autoridades embargan la casa de la hormiga, ya que esta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.

La hormiga se va del Perú y se instala con éxito en Suiza.

La televisión hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso, ya que se ha comido casi todo lo que había mucho antes de que lleguela primavera.

La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras y se deteriora ya que sus inquilinos no hacen nada para mantenerla en buen estado.

Al gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios.

Una comisión de investigación que costará 100 millones de soles se poneen marcha.

Entretanto, la cigarra muere de una sobredosis. Los medios de comunicación comentan el fracaso del gobierno para intentar corregir el problema de las desigualdades sociales.

La casa es ocupada por una banda de arañas inmigrantes.

El gobierno se felicita por la diversidad cultural del Perú.


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... Y bueno, creo que no está demás decirles que la intención de esta fábula es como si también les advirtiera con una sola cachetada a algunas asociaciones internacionales, medios de comunicación, organismos públicos y no públicos y, por ende, también al Estado, por su a veces injusta y ciega forma de obrar, eso es todo. Ya que como ustedes saben, en esa linda tierra que se llama Perú (ahí donde yo también he crecido y me he hecho con mucho orgullo todo un hombre), menos mal que, en ese sentido, el número de hormigas empeñosas y trabajadoras supera con creces a la indeseada plaga esa de insectos aprovechadores de cigarras, como las hay también en todas partes del mundo, ¿verdad?


Somos libres,
seámoslo siempre...






Pinche esta foto con el mouse y disfrute también una exposición de diapositivas de esta linda ciudad principal, llamada Lima; además, de esta impresionante vista panorámica: La Plaza de Armas de Lima en 3D



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Friday, May 29, 2009

Biografía de Frederic Luján ( en audio)

(Para escuchar o apagar el audio, simplemente marque con el mouse los botones de la consola del player)


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Thursday, April 30, 2009

La victoria sobre uno mismo




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por Frederic Luján

Siguiendo ese sabio consejo de Aristóteles que nos dice que considera más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo, ¡carajo!... como en esta vida o mejor dicho en este camino lleno de piedras, a veces o sin querer, uno también se va llenando de enemigos, pues seguiré entonces mejor cagándome de risa de ellos y cantándoles, si quieren, también esta cancioncita:

El traseronómano




El día era soleado y claro, muy propicio para hacer unas buenas tomas fotográficas. Fue así como a nuestro apasionado fotógrafo, Flujanz, no se le ocurrió mejor cosa que sentarse en una de las gradas de esa larga escalera de cemento que sube a la Brühlsche Terrasse –un lugar muy pintoresco en Dresden y de gran afluencia turística-, para esperar nomás el motivo apropiado.

No habían pasado ni cinco minutos y al frente suyo, o mejor dicho seis escalones más abajo, se había acomodado una pareja de jóvenes enamorados que miraban también con sumo interés esa linda plazuela alemana al estilo barroco, ubicada más abajo. A la mujer –algo adiposa y bien despachada de contextura-, más bien se le notaba que no tenía ningún gusto para vestirse: un polo de franela marrón de manga larga con capucha tan apretado, que la mujer parecía una inmensa esponja fofa envuelta en celofán y un pantalón negro de lycra que no le llegaba a cubrir ni la tercera parte de la cintura; con el agregado de que también le colgaban al aire parte de sus obscenas nalgas, reincluso se alcanzaba a ver hasta la raya del trasero y un calzón tipo hilo dental tan diminuto que cualquiera pensaría que no llevaba nada puesto.

“¡Dios mío, que tal metazoario!”, fue lo primero que pensó Flujanz, mientras contemplaba antropomórficamente a la mujer. Sí, así es él, cada vez que ve rarezas como esas se imagina otras cosas. “Bueno, bueno... y yo que quería contemplar ahora la naturaleza desde otro ángulo”, se dijo aturdido.

Flujanz, digamos que no necesariamente excitado pero sí muy concentrado por esa figura que ahora se le había aparecido, sacó su pequeña cámara digital ultra rápida de bolsillo y comenzó a visualizar mejor a esa mujer que tenía como objetivo.

“Perfecto, así, así... Y yo que pensé que la mayoría de estas especies pluricelulares habitaban solamente en el mar”, se decía él mismo y aumentó el zoom del lente para verla mejor. “Mira, tú, ¡qué interesante!... Y todavía presenta una abertura que más parece la raya de un culo. ¿Será acaso su boca? ¿de qué se alimentará? Qué raro, si en el caso fuese así: un metazoario perteneciente a la familia de los Hippospongias, ¿por qué rayos entonces tiene esa forma de pan francés tan definida?” Se preguntaba, inquieto, graduando siempre el lente hacia su objetivo. En ese momento, por lo tremendamente concentrado en que se encontraba, se había hasta olvidado de que la mujer se hallaba también acompañada.

Flujanz, había apretado el botoncito de la cámara como cincuenta veces pero igual sentía la imperiosa necesidad de descifrar más de cerca el gran misterio de esa curiosa abertura de casi diez centímetros de largo y uno de ancho, que presentaba la mujer abajo en el trasero. Así que, perfeccionista como era, bajó dos escalones más y se echo horizontalmente sobre la grada, estirando bien las piernas y apoyando la cabeza con el antebrazo izquierdo doblado, tal como si se asoleara todo orondo al borde de una piscina, para vislumbrar mejor su objetivo.

“Listo, ahora sí creo haber descubierto qué cosa es...”, hablaba solo; intuitivamente se agarraba también la bragueta del pantalón. “¡Un culo!... Sí, eso es, lo sabía: el culo de una inmensa Spongia officinalis” Observaba también su tronco amorfo, lleno de bultos adiposos. “¡Ajá, interesante!... Aún no estoy muy seguro, pero como sé que se trata de un molusco celomado protóstomo, seguro que tendrá por ahí también cavidades tapizadas por células flagelíferas sorprendentemente desarrolladas. Apuesto que si le separamos un poquito más esa grieta lisa que tiene abajo, introduciéndole algo carnoso entre esas dos masas gelatinosas vibrátiles, a lo mejor me toparía también con un orificio peludo que chupe y expele con maña las substancias y otros cuerpos vivos.”

Flujanz, curioso por querer comprobar su hipótesis, se acercó sigilosamente más donde ella, mojó con saliva el dedo más largo de su mano, y, ¡suass! ... se lo ensartó completo como arpón en el culo.

Seguidamente, lo único que alcanzó a escuchar el pobre Flujanz, fue en un destemplado grito de mujer digno de un baladro de jabalí que sufre hambre, diagnóstico que terminó con la intervención inmediata del compañero de ella –un fornido campeón nacional de fútbol americano-, quien tuvo también la patriótica decisión de apalearlo hasta dejarlo inconsciente y luego arrastrarlo de cara pegada al suelo hasta la prefectura.

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Por © Frederic Luján

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Por cortesía del Centro de Unión Latina de Orificios Sucios (C.U.L.O.S.) que el Dr. Flujanz
también tan distinguidamente preside, a continuación le adjuntamos dos interesantes muestras científico-antropomórficas sobre la influencia que tienen los movimientos de esa gran masa esponjosa, dividida por dos cuerpos gelatinosos equidistantes, llamado también cucu, en la sicología del hombre:



Wednesday, April 15, 2009

Sólo para los cristianos

Este, a mí también me han enseñado que Cristo existe, trato de ser sencillo y bueno, no chupo ni fumo, también sufro o mejor dicho cargo siempre mi cruz con dolores (¡y qué dolores!),me acuesto temprano, rezo todos los días el Padre Nuestro y, casi siempre, le confieso también todo a mi mujer, pero, ¡por favor!... ¿que alguien mejor me explique por qué demonios el Papa necesita salir siempre con tanto atuendo y pompa?

Comparen mejor aquí:




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Por © Frederic Luján

Sunday, April 12, 2009

El origen de los huevos de chocolate




Queridos lectores, respondiendo a una inquietud de uno de mis suscritos acerca del origen de los huevos de chocolate de Pascua (en alemán, Ostern), la única razón viable que veo por la que en Alemania les guste, al menos por esas fechas, empacharse siempre con ese dulce hecho sobre la base de chocolate y artísticamente moldeado en forma de huevo, es porque de repente o a lo mejor, uno nunca sabe, por ese gran amor casi paternal que tienen por los animales, en muchos casos, más que hasta a sus propios hijos, su conciencia les obliga a considerar como símbolo festivo (al menos por esos cuatro días sagrados de penitencia y meditación profunda, y, ¿por qué no?, talvez por obra y milagro de Bonifatius, el apóstol de los alemanes), al Oryctolagus cuniculus, comúnmente llamado conejo y ponedor también (curiosamente) de huevos de chocolate. Lo malo, y esto desgraciadamente no lo saben muchos: es que este dulce hecho principalmente de cacaa, cacau, este, digo cacao (disculpen, es que acabo de tener un conflicto cacofónico con la cuarta vocal y decimoctava letra del abecedario), ¡maldita sea!... sí que ajusta los intestinos y saca granos hasta en el culo.

Felices Pascuas,
Flujanz


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Por
© Frederic Luján

Un consejo por Semana Santa

















¡Benditos sean aquellos que sufren siempre de dolores crónicos! Por favor, zámpense entonces, siquiera por estos días, cuatro supositorios diarios de un analgésico fuerte en el culo, y ya está... recen "la oración de la serenidad”, pensando siempre en Jesús que sufrió también por nosotros ya hace como una pila de años en la cruz. Pobrecito.

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Por © Frederic Luján

Tuesday, March 31, 2009

Un ajuste de cuentas


Hay momentos, sobre todo cuando se trata de sentimientos, fruto de un ajuste de cuentas entre padre e hijo, en que unas cuantas imágenes nos enseñan mucho más que escribirlo en mil palabras:







































































































































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Por © Frederic Luján

Sunday, March 08, 2009

¿Qué tienes? ¿Te has vuelto loca?...



(Una muestra de lectura del capítulo V de la novela, ¿Por qué a mí?)

(...)

....“¿Qué tienes? ¿Te has vuelto loca? ... ¡Párala, párala, carajo!”, le gritaba, tratando de esquivar su boca.
Quería devorarme a besos, pero como no sabía besar, me lamía la cara como un perro, me mordía todo: labios, oreja, nariz, párpados, hasta el pelo.
“¡Te quiero, te quiero, Félix!” Sus ojos se le blanqueaban, estaba en otro mundo.
“Déjame besarte, papi. Ay, que rico hueles, me encanta tu olor.”
Yo no podía entender que mi propia alumna, mi hija putativa, sintiera tal pasión y amor por mí, y pensé: ¿o no vaya a ser que la coca que inhalé en la mañana tenga efectos alucinógenos retardados? Ella seguía insistiendo como canino. Me mordía toda la cara con sus besos sazonados con chocolate.
“Qué rico, déjame ser tuya, Félix. Te necesito, mi amor, te quiero, te quiero.”
Por sus movimientos inseguros y bruscos, moviendo la lengua sin experiencia, se le notaba que era virgen. Lo único que hacía era bañarme en saliva.
“Enséñame hacer el amor, mi maestrito, enséñame, enséñame, ¿sí?”
Había entrado como en trance, se encontraba en una nebulosa, no me escuchaba y yo muy preocupado pensaba: ¿o de repente no vaya a ser que ella también esté tomando drogas duras? Estaba salvaje. Me manoseaba las piernas, quería desabotonarme la camisa y halarme los pelos del pecho.
“Mua, mua, eres peludito, mi osito.” Zambullía su cabeza en mis pectorales. Palpaba todo el cuerpo “Ay, tus piernas, qué rico, están duritas. Te amo, Félix, bésame, bésame.”
En ese momento, justo delante de nosotros, pasaba una señora con su perro y al ver como Nuria gritaba excitada, forzando sus cariños, se detuvo con aires de madre mortificada y muy indignada me gritó:
“¡Oiga usted! ¿No le da vergüenza? Deje a la niña tranquila, por favor, que ahora llamo a la policía. ¡Qué tal lisura!”
El perro, que era un pastor alemán fornido, también se puso nervioso, me enseñaba sus gigantescos colmillos. Ladraba y halaba fuerte de la cuerda.
“¡Señora, señora! ... Calme a ese perro por favor, que me va hacer picadillo”, dije tartamudeando. Tenía el corazón en la garganta.
“Usted es un depravado sexual. Peor que el loco Perochena. Al panteón lo deberían mandar y morir fusilado sin compasión. ¡Pobrecita mi niña! Mírenla nomás, cómo la están tratando. ¡Socorro, socorro! ¡Policía, policía!”
La vieja seguía gritando. Por momentos parecía como si estuviese también ladrando igual que el perro. Con Nuria no era la cosa, más bien se concentraba en querer introducir su inexperta lengua en mi boca. Yo la esquivaba con movimientos bruscos. Por la forma como se había vestido: con trenzas y polo de Micky Mouse se le confundía fácil con la Chilindrina. Yo tenía dos grandes problemas: a la Chilindrina que me quería violar por amor y al pastor alemán rabioso, queriéndome morder la pierna. Pasaba por un momento de pánico extremo, era como una tortura endemoniada y no sé cómo, pero me armé de valor –igual como lo haría un soldado de guerra que grita en una trinchera para cuidarse del enemigo-, y exclamé:
“¡Basta, basta, carajo, Nuria! ... ¡Déjame en paz!” Y le tiré una cachetada para que saliera de su trance y con mis zapatos tamaño 47, le di un puntapié tan fuerte al perro que lo convertí en un inofensivo cuy.
Me quedé mirando a la vieja intrometida y furioso le advertí:
“Y usted, vieja, no me mire con esa cara de poto, ¿o quiere también que le tire una patada? ... ¡Lárguese de aquí!”...


(...)




* Puede pedir esta novela directamente en:

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© Frederic Luján, ¿Por qué a mí?, segunda edición 2008

Sunday, March 01, 2009

¡Me cago... qué crisis ni qué crisis!


Sentados cómodamente en el salón de un hotel, el director de un renombrado diario económico procede a entrevistar a Flujanz, para ello le lanza la primera pregunta de rigor:

“¿Y díganos, profesor Flujanz, qué opina usted a cerca de la crisis económica y financiera a escala mundial?”




Flujanz se ríe, mira hacia arriba, hacia abajo, a los costados, luego se jala la gorra, se acomoda los lentes oscuros como para que no le vean esos ojos inyectados por el porro de marihuana que se fumó hace media hora y le dice:

“¿Crisis? ¿Cuál crisis?... Mire, señor, aquí la única crisis es la del Midlife que sufro yo, usted, y todos los que ya han pasado la barrera del medio siglo, y nada más. ¿No sé si me entiende?... La cosa es bien sencilla de explicar: lo que pasa es que a nuestra edad queremos seguir actuando como si tuviéramos treinta, y es en ese instante cuando empezamos con nuestras majaderías de que por qué no me veo así o asá, o me gustaría esto o lo otro, y comenzamos tontamente a generar excesos y más excesos, hasta que ¡BUM!... Ya no entra ni sale nada y se desparrama toda la mierda, pues. ¿No sé si me explico? ...”

“¿Pero, profesor Flujanz, qué tiene que ver esto con la crisis financiera y la recesión a escala mundial?”

“Elemental, pues. Es que nosotros y el ser humano en general estamos insatisfechos mayormente con todo lo que hacemos y somos, por eso que con el afán de cubrir ese vacío se nos da también por consumir sólo cojudeces que en verdad no necesitamos. Toda esta psicosis que se vive ahora es igual que la de un “onanero” que machuca siempre a su muñeca de plástico, con tal de satisfacer sólo sus imaginaciones. ¿No sé si estoy siendo ahora más claro? ...”

El periodista se rasca la cabeza, tratando de buscar un punto coincidencia, pero nada, no entiende.

“Este, usted disculpe pero la verdad es que aún no le entiendo. ¿Cómo es eso, a ver, explíquese mejor?...”

“¡Caramba! Usted sí que es bien testa dura para entender, no. Me explico de esta otra manera: lo que pasa, y por favor no quiero esteriotipar, pero a los hombres a nuestra edad en general se les da casi siempre por ostentar poder y comienzan con sus masturbaciones de grandeza, comprándose carros cada vez más veloces, casas con piso de mármol y despilfarran tontamente su dinero en cosas suntuarias; aparte, claro, de llenarse también el buche en restaurantes de lujo y dormir en pomposos hoteles con una u otra querida que tiene por ahí escondida. Las mujeres, en cambio, son algo más refinadas, se les da por pintarrajearse la cara con toneladas de cosméticos (¡Carajo, que hasta parecen esas vírgenes guerreras del Amazonas!), o ponerse vestiditos de moda, o transplantarse plástico en las tetas para aparentar como quinceañeras y así tal vez les ligue un date con cualquier chibolo o estudiante de 25 años que encuentran por ahí. ¿No sé si ahora he sido un poco más claro, señor director?”

“Este, bueno, sí... un poco.”




Flujanz, impaciente como es, se para y se vuelve a sentar como si estuviera en su casa, y abre una bolsa de papitas fritas (costumbre que tiene cada vez que lo invitan a entrevistas) y sin ofrecerle siquiera a su interlocutor, se las devora de un porrazo todas y le habla mascullando:

“¿Un poco?... Caramba, ¿en qué idioma quiere entonces que le hable? Lo que pasa que ustedes los periodistas todo lo quieren masticadito y a su manera. Yo soy directo y pragmático, señor. Y a mí se me viene el vómito cuando me obligan a explicar las cosas con palabras rebuscadas, como estanflación, deflación, inflación, burbuja inmobiliaria, hipotecas subprime, paquetes de ayuda coyuntural, valores bursátiles, Bad Bank, efecto Jazz, Tequila, Caipirinha, y sabe Dios que otras cojudeces más. Este, usted disculpe...”



En ese momento, no sé si por la conversación, el porro de marihuana o las papitas fritas, pero igual, le vienen como arcadas a Flujanz y se tapa la boca con un pañuelo. El periodista al verlo así, nauseabundo, le dice muy preocupado:

“¡Profesor Flujanz, qué tiene!... ¿Se siente mal?”




Flujanz escupe un líquido amarillento en el pañuelo y, así mojado como está, se lo mete de nuevo al bolsillo, y le contesta como si nada hubiera pasado:

“Listo. No, no es nada. Ya me siento algo mejor... Mire, mister, la situación es bien sencilla: en este mundo de más seis mil millones de “onaneros” insatisfechos y golosos se consume en verdad mucho más de lo que en verdad se debería consumir, esa es la razón de todo. Por eso la gente se endeuda también hasta la coronilla con tal de hacer realidad todas su fantasías y encima se comparan tontamente con los demás, como diciendo: “Mira, compadre, yo tengo una casa con piscina y caballos y a mis hijos los tengo también en la Universidad de Oxford, y todavía bien vestiditos con su saco y corbata, ya... ¿Algún problema?” El hombre es un materialista compulsivo de primera. Aquí en Alemania y creo que también en cualquier otro país industrializado como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, por ejemplo, ¿para qué se necesita producir tantos automóviles? Si con los buses, trenes, tranvías, y hasta con las bicicletas o en patines nos podríamos movilizar igualito. O cuando uno va a un supermercado para comprar una simple sopita en bolsa, uno se tiene que quedar como una hora frente a los estantes, mirando como retrasado mental, ya que por cada cosa que te has propuesto comprar te encuentras por lo menos con cincuenta productos diferentes o similares. Lo mismo sucede en las tiendas especializadas de muebles, artefactos eléctricos, tienda de perfumes, boutiques, casas de moda, y en fin, cualquier local o sitio en donde uno pueda ir a comprarse algo. ¿Y todo gracias a quién?... Nada más que a los codiciosos esos de los empresarios, que cada vez buscan expandirse más y más con sus productos, simplemente por querer demostrar que ellos pueden dominar los mercados y de paso llenarse cada vez más los bolsillos. Para qué entonces nos preocupamos tanto por la crisis, si hoy ya todo está estreñido por no decir saturado, señor, no entra ni sale nada. Un buen supositorio en el culo es lo que deberían de meterse, a ver si les sale también toda esa mierda que tienen atorada...”



Flujanz, como para calmarse un poco, toma un sorbo de una botellita de licor de hierbas que siempre trae consigo.

“¡Mmm, qué rico está este licorcito, mister!... Es que hay que enjuagar pues siempre el paladar con algo, señor. Este, bueno, ¿en dónde estábamos?... ¡Ah, sí, ya me acordé! Hoy en día, para mí el problema central no es la crisis financiera ni económica, sino ese descontento y gula que tiene todo el mundo por tener cada vez más, ya que nada les parece suficiente, señor. El negro quiere ser blanco y el blanco negro, o el flaco gordo y el gordo flaco. Así de sencilla está la cosa. El mismo problema lo tiene en la familia, en el trabajo, y hasta con la profesión que sea. El colapso, o lo que usted menciona como crisis económica, aparece más bien cuando el consumidor (el único y principal culpable en este fatal desenlace) encima ya no le puede devolver también el dinero a los prestamistas, vale decir, a esos bancos o instituciones financieras, y que prefiero llamarlos sanguijuelas, ya que no hacen más que aprovecharse vilmente del dinero de otros, invirtiéndolo en compras de otros bienes, y así obtener ávidamente mejores márgenes de ganancias. Sí, así es... y digo ávidamente porque éstos hijos de puta no se contentan con ganarse alguito en dos ni en cinco años. ¡No qué va!... Sino más bien millones en tres a seis meses, y rapidito nomás, por favor, ya que también hay que mandarlos al toque a Suiza o Liechtenstein. Las empresas, como unidades productoras, se aprovechan de nosotros (los cojudos consumidores) para lavarnos también el cerebro con sus estrategias publicitarias, y así pues caer estúpidamente en su trampa y comprarles todo lo que nos ofrecen, hasta basura en lata, o esa comida sintética fast food de marca americana; los empresarios buscan que el consumidor arrase con cualquier producto nuevo que aparece en los autoservicios o centros comerciales. Sin ir muy lejos, mi primo Chacho, a quien con cariño prefiero llamarlo mejor Chancho, ya que es una sola masa de carne y grasa, en vez de alimentarse normalmente con verdurita y plátano, como lo harían nuestros ancestros los monos, prefiere mil veces ir a un McDonald y llenarse los intestinos con hamburguesas y esas comidas de carne artificial. ¡Qué horror, no! Imagínese, hoy, el pobre tiene tanta grasa en su cuerpo que, ni la carpa de lona que yo uso para salir de campamento, le alcanza siquiera para cubrirle como bata semejante organismo. ¡Ah, sí!...¿Y qué me dice también sobre toda esa ropa y vestiditos que nos ponemos de esos modistas amanerados que se les churretea el culo, sólo para lucirnos y nada más? La luxus lady de mi mujer, por ejemplo, es una de ellas. Un día que estuvimos paseando en un centro comercial por Frankfurt, ella toda cariñosa se me acercó y con su mirada de mujer que sabe siempre lo que quiere, me dijo: “Ay, mi amor, ¿no crees que esta linda cartera de cuero de lagarto Armani se vería también linda con este par de zapatos amarillos Coco Chanel que me acabo de comprar?” Lógicamente casi le digo: “¿Cartera?... Tú estás loca, mujer, ¿a quién quieres impresionar? Pero si ésta sería la décima bolsa de cuero que te compras en dos meses, aparte, claro, de los cien pares de zapatos que ya tienes en el closet...”



Flujanz saca su sexta botellita y se la toma al hilo, casi sin respirar. Luego, ya casi con los ojos bizcos, Flujanz saborea el líquido, mira el envase y le comenta al señor periodista, digamos, que ya más relajado:

“¡Caracho, mire usted!... ¿La verdad que no sé de que material hacen el envase de estas botellitas que, caramba, el contenido se conserva siempre muy bien?... ¡Mmm, está buenazo! Este, bueno.... como le decía, por otro lado, y aquí creo que tampoco me quedo corto, estamos también acostumbrados en tener un televisor para cada cuarto (por si acaso, él de las empleadas domésticas es aparte);radios estéreo con ecualizador y power blaster en el baño, como si al cagar con música la evacuación fuera también más placentera, habría que preguntarles más bien qué música escuchan cuando se les viene una de esas diarreas agudas, ¿quizás una de Haevy Metal?; computadoras multifuncionales y todos esos cachivaches con nomenclaturas en inglés que no los entiende pero ni un puta, como: MP3 Player con iPod, iphone, Digital-Camera DSC-W80HDPR, DVDx ultra digital DTS, teléfono celular touchscreen TMC, y cosas por el estilo. Y como si todo esto fuera poco, hasta con los estudios y capacitación profesional somos unos exagerados: ingenieros en composición con medios electroacústicos, en automatización y control industrial, telemática, informática, telecomunicación, bioingeniería, nano técnica, ciencias del ambiente, ingeniería de alimentos, de económica, etcétera. Como verá, ya todo se ha especializado, o sea, nos hemos llenado más que de súper genios y cerebros de unos buenos para nada; cuando en verdad lo que necesitamos es bajar de las nubes y pisar más la realidad como los naturistas que sí saben hacer de todo un poco, y aprenden más bien a vivir sólo con lo que la Señora Naturaleza nos provee. ¡Me cago... qué crisis ni qué crisis!”

“Pero seguro que usted se está refiriendo solamente a una minoría, la pudiente y la que puede comprar de todo. No hay que olvidar que casi las dos terceras partes de la población mundial vive en la pobreza, aunque asuste decirlo extrema.”

“Sí, efectivamente y a eso quiero llegar. Gracias a esa tercera parte de consumidores trogloditas es que se arrasa también con el resto de las reservas que en verdad sirven para alimentar a poblaciones como África y Latinoamérica, por ejemplo. Como siga esta situación de despilfarro les juro que ya ni el Diosito de arriba nos salvará, y nos quedaremos sin agua, carbón, minerales, plantas, petróleo y todo lo que se necesite para generar más energía en el mundo. ¡Ah, sí!... Y a propósito de Diosito, cómo seremos de estúpidos e ignorantes hasta con todas las religiones y creencias que practicamos, creo que en ese tema nunca nos pondremos de acuerdo cuando en verdad el único principio y dogma es que existe sólo un Dios para todos y punto.”

“¡Interesante! ¿O sea, usted cree que toda la crisis se debe más a un problema de insatisfacción y de exceso en el consumo?... ¿Y qué nos podría decir de Barack Obama, cree que él nos podría salvar?”

“Vayamos mejor por partes. Antes de decirle algo sobre ése negrito buena gente yes we can y con orejas de Dumbo, le responderé una vez más lo que ya le había mencionado anteriormente: Sí. Claro que el problema se debe principalmente a la insatisfacción y exceso, diría casi compulsivo en el consumo y nada más. A mí no me van a meter el cuento de que la crisis económica, financiera, o como quieran llamarla, proviene sólo de los Estados Unidos o se debe a los altos precios de las materias primas, la inflación, crisis crediticia, inmobiliaria, hipotecaria o desconfianza en los mercados. ¡Pamplinas! Esas son más que historias de los economistas pagados por las empresas, para que los omnipotentes de arriba reciban aún más dinero subvencionado por el papá Estado. Eso es todo. ¡Increíble!... Sólo cinco billones, sí... así como lo escucha, CINCO BILLONES de dólares es lo que necesitarían bombear todos los países en el mercado financiero mundial, como para frenar siquiera en algo toda esa ola de insolvencias y bancarrotas. Y mire, ¿qué coincidencia, no?... Justamente los países industrializados que más tienen, son los que más lloran. ¿Por qué será, no? Por ejemplo, aquí en Alemania, una poderosa empresa transnacional cuyo nombre prefiero no decir porque sino me cortan los huevos, después de haber recibido una sustanciosa ayuda financiera por parte del Estado, ¿qué es lo que hace?... En vez de utilizar la subvención para pagar primero a su personal y así salvar su existencia, lo que hacen estos conchasumadres es repartirse primero entre los accionistas los jugosos dividendos, ah, sí... y los pagos de las bonificaciones de seis cifras para el manager son manejados encima en otras cuentas separadas; aducen además cretinamente que el año pasado los estados financieros han arrojado desgraciadamente una ligera pérdida de dos puntos. ¡Si serán conchudos! Y como en todas partes también se cuecen habas, lo mismo sucede en los otros países con los bancos y las inmobiliarias.
Y bueno, ahora sí en lo que respecta a Barack Obama, ¿no cree acaso que es demasiado prematuro como para estar hablando ahora algo sobre ese Cristo Morado?... ¿O cree que sólo porque es negrito (perdón, en verdad café con leche porque su madre es blanca de Kansas) con cara de Fray Martín de Porras y habla bonito, salvará a Estados Unidos y al Mundo entero de esta situación? ¡Absurdo, totalmente absurdo! Lo único que le podría decir de él, y ojo no lo digo yo sino su mujer Michelle que tampoco tiene pelos en la lengua, que cuando se levanta en las mañanas le apesta tremendamente la boca a chivo; sino, obsérvelo nomás en sus discursos como cierra la boca y pasa saliva, seguro que para disimular esa hedionda pestilencia suya; ha contado también su mujer que cuando se va de la casa para asistir a sus reuniones, casi siempre deja también el inodoro desbordado y las toallas en el piso. Así que, por favor, tan perfecto creo que no es.”


“Muchos autores consideran que no se trata de una verdadera crisis, dado que el término crisis carece de definición técnica precisa y que más bien está vinculada a una profunda recesión; es más, algunos hasta dicen que podría finalizar también el año 2010... ¿Qué nos podría decir al respecto?”




“Sabe qué señor, poco a poco usted ya me está sacando de las casillas. ¿O quiere que le vomite esta vez sí en la cara? ¿Cómo quiere que se lo explique?... A ver, usted nomás como director de este distinguido diario y con esa pinta de pituco bien vestido y bisoñé seguro que también elaborado con pelo procesado de uno a quién le han rapado la cabeza en la India, bien que lo he visto también manejar varias veces con dos carros distintos. ¿Seguro que la limusina Mercedes E 200 CDI de seis metros de largo y lunas polarizadas esa que tiene es de la firma, y el otro, el italiano ese descapotable con llantas anchas, apuesto que lo utiliza solamente para salir a pasear los domingos con su ternito blanco y su buen puro Montecristo en la boca? ¿O qué me va a decir de esos dos mil quinientos Euros que recibió del Estado a cambio de cambiar el Renault viejo de su mujer y comprarle una linda carroza VW Phaeton 4.2 V8 de dos toneladas? Ya ve... eso es para mí la única crisis, así que, por favor, no me insinúe cosas como que la crisis no es crisis y de que más bien se trata de una recesión; no me pida tampoco que empiece ahora a pedirle milagros al Fray Obama, Mandinga o a Pichinga. Yo sé que aquí en Alemania, por ejemplo, prefieren mil veces apoyar a la industria automotriz en vez de ayudar a las familias necesitadas para que puedan alimentar dignamente a sus hijos. ¡Para qué pues tanto alarde y pompa! ¡Hoy ya no se construyen edificios sino rascacielos, señor!... ¿No sé si me entiende la metáfora? O si se abre un McDonald en una esquina, inmediatamente aparece al frente y a cincuenta metros otra tanda de fast food’s como Bembos, Pizza Hut, Burger King, y cosas por el estilo. Las Firmas, o mejor dicho los grandes consorcios automotores, farmacéuticos, de energía, grupos financieros, industria alimenticia, metal mecánicas, compañías inmobiliarias y aseguradoras, se amparan con la maldita globalización esa para expandirse cada vez más como ratas, invadiendo terrenos ajenos, la naturaleza, fauna y flora, y explotando personal, sólo para empacharnos con más y más de sus productos. Es lógico, pues, que todo este globo flatulento explote y que nosotros, los únicos imbéciles y principales actores en este escenario, terminemos todos indigestos y abombados, tirándonos pedos entre nosotros de tantos extraños productos que consumimos.”

Al director del diario, lógicamente muy indignado y acalorado por las insolencias de su interlocutor, se le pone la cara roja como tomate y justo cuando pretende ventilarle la última pregunta, se le deslizan unas cuantas gotas de sudor que resbalan a ambos lados del bisoñé y le caen encima de la frente.

“¡Pero... por favor, profesor Flujanz!... ¿Por qué no guarda un poco más de respeto? Además, antes de terminar y plantearnos su solución, quisiera que también retirara todo lo que ha mencionado sobre mi persona.”



Flujanz, ya prácticamente zampado de tantas botellitas que se ha tomado, se para tambaleándose, mete los envases vacíos en su bolsillo, se acomoda la gorra y antes de retirase agrega:

“¿Que le retire?… ¿Qué cosa quiere que le retire si yo mismo estoy también metido en la mermelada? Ah, sí, y por favor, no me llame profesor que me parece huachafo. Más bien le sugiero, señor director, y con todo el respeto que le tengo, que mejor use ese bisoñé como felpudo ya que se le está churreteando hacia un lado. Y bueno, ya que usted me pide una solución, la única que le podría dar es que mejor cambiemos todos de actitud. Sí, eso es, cambiar de actitud, a ver si un día se nos ocurre ser también más humildes, pero en todo... ¿O es que acaso no ha escuchado hablar de que no hay persona pobre con una vida espiritual rica?”

Pasaron como diez años desde esa entrevista y Flujanz, como era de esperar, renunció a todo hasta a su mujer, para irse a vivir calato a una isla casi deshabitada en Polinesia y compartir con los nativos perdón, creo que más con las nativas exóticas y bien despachadas, como le gustan a él, todas las bellas bondades que sólo le puede brindar la naturaleza.


Publica Flujanz

Tuesday, February 03, 2009

En homenaje a mi padre

Mis amigos lectores, como diría el gran Rubén Blades en su preciosa canción de “Tiempos” que también la he incluido más abajo en este post, que para todo hay un tiempo, hasta para morir, esta vez le tocó el tiempo de partir también a mi querido padre, para ir a juntarse seguramente con mi madre allá, al otro lado. Y bueno, por eso que para mí sería también un gran honor compartir ese sentimiento de perdida y dolor que ahora siento por él con ustedes, regalándoles esta vez un emotivo pasaje de mi novela "¿Por qué a mí?”, que escribí en el año 2003 y que ha sido editada también por segunda vez y traducida al alemán, el año pasado.


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¿Por qué a mí?

(ISBN 978-3-8370-4938-1; BOD, segunda edición /2008, 340 pag.)


(...)

Fue la Navidad más bonita de mi vida y probablemente también la última con ellos. Podía sentir la emoción de mi madre cuando le cambiaba la ropa, le daba las pastillitas, le echaba talquito en el cuerpo adolorido y dormía junto a ella tal como lo hacía Filo. Podía escuchar sin que me dijese una sola palabra: gracias hijo, cómo me gusta que me atiendas, estoy orgullosa de ti. A mi padre en cambio le ayudé en la noche a levantarse de la silla, para que pudiera acostarse en la cama; le acomodé en la bacinilla para que pudiera también hacer sus necesidades. Todo me daba una satisfacción indescriptible que nunca antes había sentido y muy diferente a las que hasta ahora había experimentado. Cuando cenamos los tres solos, no sentía necesidad de estar con nadie más. Comimos pavo y luego brindamos con un vino chileno bien añejo, a mi padre le encantaba el buen vino; pusimos villancicos navideños y nos repartíamos los regalos, que no eran gran cosa: un par de medias, ropa de dormir para mi madre, una colonia de afeitar para mi padre, un shampoo para Toribia, unos cuantos dulces y una botella de un buen vino francés para las enfermeras.
Esa noche estaba tan pendiente de querer ayudarlos y de que pasaran un momento feliz conmigo que había olvidado mis mortificaciones por completo. Me sentía bien, sin la presión del tiempo o el qué dirán los demás, sin preocuparme de cosas que aún no habían sucedido. Sentía que las vivencias con mis padres esa noche me llenaban de energía positiva. Era algo que llegaba al fondo y se quedaba, permanecía allí, no como las otras experiencias de placeres vagos y mundanos, donde Arévalo, que eran pasajeras.


La hora cero había llegado y tenía que despedirme de ellos. Fui primero al cuarto de mi madre, me senté junto a ella, la miré, me aguanté para no llorar y dije:
“Mutti, te voy a echar de menos.”
No me salían las palabras. Ella no podía hablar, pero sus ojos decían todo, brillaban de alegría, como si fuera una criatura a quien le hubieran hecho el mejor regalo. Me agarró fuerte con la mano que todavía podía mover y me entregó una foto de aquella bella rosa que una vez había plantado para mí y que la había bautizado con mi nombre. Se veía esplendorosa. En el dorso había escrito: “para la felicidad eterna de mi hijo.” Al verla me acordé inmediatamente de lo último que me dijo Alberto aquel día cuando yo estaba dispuesto a quitarme la vida: “y ahora sé optimista y no olvides que entre las espinas también crecen las rosas.” Esa rosa me daba como mensaje que después de un sacrificio obtendría una satisfacción. Ahora me sentía triste, pero al mismo tiempo contento porque sabía que a mi madre le había brindado esa noche el calor de mi cuidado, haciéndola muy feliz. La besé en la frente y se volteó, quería dormir y mientras la veía con los ojos cerrados, le decía despacito:
“Gracias Mutti, por todo. Y ahora sueña, sueña mucho, que siempre estaré contigo.” La acomodé un poco, halé las frazadas y le apagué la luz de la mesita de noche.
Mi padre estaba en la sala esperándome. Se hacía el fuerte emocionalmente, siempre gracioso y espontáneo en sus cosas, pero yo sabía que también le invadía una profunda pena.
“Pensé que te habías quedado dormido, hijo. ¿Y? ¿Cómo la has encontrado?”
“Me he emocionado mucho, Papi. Mira, me regaló la foto de su rosa preferida, la que teníamos en la otra casa, ¿lo recuerdas?”
“Cómo no, si a mí me tenía loco con el abono. Había que echarle siempre Guano de la Isla, creo que era de gallinazo porque apestaba a demonios. Pero valió la pena, lástima que no se podía transplantar. ¿Cómo estará ahora, la pobre? ...”
Miraba la foto. Le hacía recordar los buenos tiempos de cuando la Mutti estaba sana y él todavía podía caminar.
“Qué buenos tiempos eran aquellos y ahora fíjate nomás como estamos”, decía él. Movía la cabeza, hacía ruidos con la boca. “En fin, qué se le va hacer, así es la vida, pues.”
Comenzó con su carraspera.
“¡Hum, hum! ¡Hem, hem! ¡Toribia! ...”, gritaba “Alcánzame por favor un vaso de agua.”
“No, no hay necesidad, deja a Toribia tranquila que yo te lo alcanzo.”
“Bueno, gracias hijo, gracias ... ¡Hem, hem!”
De tanto que tosía soltó también una flatulencia bien sonora. Por lo que se movía poco, se le acumulaban también los gases. Hablaba solo, miraba la foto. Le preparé una jarra de limonada. Yo me había comprado unas cervezas.
“Ten cuidado con el trago, no me tomes mucho, ya. Eso te va a fregar la salud”, me advertía.
Pero ni el cigarrillo ni el trago lo podía dejar. Felizmente no tenía plata, sino hubiera estado también dándole a la coca. Había momentos en que me provocaba, pero no me había enviciado.
“Los voy a extrañar mucho. Detesto a esos NAZIS, allí no me siento a gusto”, le dije.
“No hables tan mal de ellos, que gracias a ese país has podido hacer también tu proyecto OMP, TMP, o como se llame.”
“Ya pues, Papi, no hables así de mi proyecto. Se dice TMC.”
“Bueno, bueno, yo no entiendo de esas cosas, lo único que sé es que más que de mejoramiento ha sido un proyecto de empeoramiento continuo, porque ahora estás más destruido que después de un bombardeo, ... ¡Ja, ja, ja!”
Su apreciación no me causó gracia y él se dio cuenta.
“Discúlpame, Félix, ha sido sólo una broma, ¿me perdonas?” Me acariciaba la mano.
“No, sigue nomás, creo que tienes razón, todo mi esfuerzo de nada valió. Ahora soy un Don Nadie.”
“Qué dices, hombre, tú vales mucho. Fíjate, yo, por mi distrofia, tuve que colgar mi uniforme de aviador y ahora lo único que manejo es mi silla de ruedas y tal vez no por mucho tiempo, porque las manos están también que me joden.” Tosió de nuevo, tomó la limonada. “Si acaso ahora me fuera al más allá, qué sería de mi Mutti, así que mejor me dedico a cuidar mi saludcita.”
Admiraba el coraje de mi padre. El amor que le tenía a mi madre le impulsaba a seguir siempre adelante con optimismo.
“¿Tienes ya todas tus cosas? No te olvides de llevar tus pasajes, el pasaporte y lo más importante, cuida mucho tu dinero, guárdalo siempre en un lugar seguro. Yo estoy convencido que vas a encontrar trabajo pronto, tú eres un hombre inteligente. Ten cuidado nomás con las mujeres, amarra ese pájaro, ¿me entiendes?”
“Sí, no te preocupes, que por todo lo que me ha pasado ya no quiero saber nunca más de ellas” le dije, y brindamos juntos, golpeábamos los vasos.
“No digas eso, hombre, ahora no exageres, que de repente te me vuelves maricón y ahí si que te desheredo”, dijo
El taxi tocó el timbre de la casa. Toribia abrió la puerta y exclamó de pena:
“¡Ay, Dios! Ahora se va el joven Félix.”
Comenzó a llorar y le siguió luego Filo, María, la planchadora y el jardinero. Mi padre se aguantaba. A mi madre en cambio le habían dado una pastilla tranquilizante para se quedara dormida, la tensión del momento le podría afectar el corazón que ya bastante delicado lo tenía. Yo mudo de la emoción, se me había ido el habla, pasaba sólo la saliva. Mi padre en un rincón de la sala, todo acurrucado en su silla, me miraba con mucha pena. Sus ojos se le pusieron rojos y dijo:
“Qué tengas un buen viaje y aprende a ser feliz.”

(....)


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Carlos Alberto Luján Ramírez ( † 10.06.1921- 30.01.2009), pionero de la aviación civil en el Perú.

























Director y co-fundador de la Compañía Peruana de Aviación Faucett. S.A.















Condecoración recibida por el Minisitro de Aoeronáutica del Perú

























De todos los aviones que mi padre manejó, estos dos habían sido sus engreídos.




Publica Flujanz

Por © Frederic Luján