A ver, amigos, veamos pues cómo es que se desarrolla esta historia:

Publica Flujanz
Por © Frederic Luján
Todas las fotos han sido tomadas gracias también a la colaboración de Girogio Bikkal Avalos
Mordaz, directo, irreverente, cumplido, insensible, benévolo, cínico, sincero, saleroso, alegre, musical, cadencioso, sádico, oscuro, pervertido, brutal, bondadoso, demonio, dios, misántropo,proxeneta, realista y charlatán... Todos ingredientes que se fusionan en su estilo como un antídoto seguro contra la solemnidad y el aburrimiento.
A mi querido público de lectores y amigos todos, con este pequeño aviso, quisiera por favor que me disculpen pero por motivos estrictamente de tiempo y trabajo que lo necesitaría para terminar y concentrarme sólo en mi segunda novela, en mi blog Flujanz ya no publicaría más artículos ni trabajos literarios hasta durante un tiempo o mejor dicho nuevo aviso. Salvo las producciones musicales y vídeo-clips de SecuenciaSonar, que sí las seguiría divulgando y actualizando cada cierto tiempo en este mismo espacio, así como también en el siguiente link, www.reverbnation.com/secuenciasonar. Por otro lado, no se preocupen que, para todos mis amigos en Facebook y Twitter, seguiré también escribiéndoles como siempre.
En ese sentido, a todos mis fieles seguidores, amigos, lectores y conocidos todos, les pediría que durante este tiempo de ausencia tuvieran también algo de paciencia, que pronto, muy pronto estaría, como siempre, yo y mi excéntrico personaje Flujanz de nuevo con ustedes para seguir deleitando (a unos) o quizá aturdiendo (a otros) con más escritos y ocurrencias mías. Y, bueno, lo fundamental, de paso también ofrecerles, después de mi primera novela ¿Por qué a mí? que ya ha sido publicada también en dos ediciones (2003 y 2008, respectivamente), mi otro gran segundo intento de ficción literaria o, si quieren, llamémoslo una otra historia de esas entripadas mías.
FREDERIC LUJÁN ZEISLER
Alemania, miércoles, 20 de marzo de 2013
www.reverbnation.com/secuenciasonar

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Publica Flujanz
Por © Frederic Luján

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© Frederic Luján, ¿Por qué a mí?, segunda edición 2008
Flujanz escupe un líquido amarillento en el pañuelo y, así mojado como está, se lo mete de nuevo al bolsillo, y le contesta como si nada hubiera pasado:
“Listo. No, no es nada. Ya me siento algo mejor... Mire, mister, la situación es bien sencilla: en este mundo de más seis mil millones de “onaneros” insatisfechos y golosos se consume en verdad mucho más de lo que en verdad se debería consumir, esa es la razón de todo. Por eso la gente se endeuda también hasta la coronilla con tal de hacer realidad todas su fantasías y encima se comparan tontamente con los demás, como diciendo: “Mira, compadre, yo tengo una casa con piscina y caballos y a mis hijos los tengo también en la Universidad de Oxford, y todavía bien vestiditos con su saco y corbata, ya... ¿Algún problema?” El hombre es un materialista compulsivo de primera. Aquí en Alemania y creo que también en cualquier otro país industrializado como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, por ejemplo, ¿para qué se necesita producir tantos automóviles? Si con los buses, trenes, tranvías, y hasta con las bicicletas o en patines nos podríamos movilizar igualito. O cuando uno va a un supermercado para comprar una simple sopita en bolsa, uno se tiene que quedar como una hora frente a los estantes, mirando como retrasado mental, ya que por cada cosa que te has propuesto comprar te encuentras por lo menos con cincuenta productos diferentes o similares. Lo mismo sucede en las tiendas especializadas de muebles, artefactos eléctricos, tienda de perfumes, boutiques, casas de moda, y en fin, cualquier local o sitio en donde uno pueda ir a comprarse algo. ¿Y todo gracias a quién?... Nada más que a los codiciosos esos de los empresarios, que cada vez buscan expandirse más y más con sus productos, simplemente por querer demostrar que ellos pueden dominar los mercados y de paso llenarse cada vez más los bolsillos. Para qué entonces nos preocupamos tanto por la crisis, si hoy ya todo está estreñido por no decir saturado, señor, no entra ni sale nada. Un buen supositorio en el culo es lo que deberían de meterse, a ver si les sale también toda esa mierda que tienen atorada...”
Flujanz, como para calmarse un poco, toma un sorbo de una botellita de licor de hierbas que siempre trae consigo.
“¡Mmm, qué rico está este licorcito, mister!... Es que hay que enjuagar pues siempre el paladar con algo, señor. Este, bueno, ¿en dónde estábamos?... ¡Ah, sí, ya me acordé! Hoy en día, para mí el problema central no es la crisis financiera ni económica, sino ese descontento y gula que tiene todo el mundo por tener cada vez más, ya que nada les parece suficiente, señor. El negro quiere ser blanco y el blanco negro, o el flaco gordo y el gordo flaco. Así de sencilla está la cosa. El mismo problema lo tiene en la familia, en el trabajo, y hasta con la profesión que sea. El colapso, o lo que usted menciona como crisis económica, aparece más bien cuando el consumidor (el único y principal culpable en este fatal desenlace) encima ya no le puede devolver también el dinero a los prestamistas, vale decir, a esos bancos o instituciones financieras, y que prefiero llamarlos sanguijuelas, ya que no hacen más que aprovecharse vilmente del dinero de otros, invirtiéndolo en compras de otros bienes, y así obtener ávidamente mejores márgenes de ganancias. Sí, así es... y digo ávidamente porque éstos hijos de puta no se contentan con ganarse alguito en dos ni en cinco años. ¡No qué va!... Sino más bien millones en tres a seis meses, y rapidito nomás, por favor, ya que también hay que mandarlos al toque a Suiza o Liechtenstein. Las empresas, como unidades productoras, se aprovechan de nosotros (los cojudos consumidores) para lavarnos también el cerebro con sus estrategias publicitarias, y así pues caer estúpidamente en su trampa y comprarles todo lo que nos ofrecen, hasta basura en lata, o esa comida sintética fast food de marca americana; los empresarios buscan que el consumidor arrase con cualquier producto nuevo que aparece en los autoservicios o centros comerciales. Sin ir muy lejos, mi primo Chacho, a quien con cariño prefiero llamarlo mejor Chancho, ya que es una sola masa de carne y grasa, en vez de alimentarse normalmente con verdurita y plátano, como lo harían nuestros ancestros los monos, prefiere mil veces ir a un McDonald y llenarse los intestinos con hamburguesas y esas comidas de carne artificial. ¡Qué horror, no! Imagínese, hoy, el pobre tiene tanta grasa en su cuerpo que, ni la carpa de lona que yo uso para salir de campamento, le alcanza siquiera para cubrirle como bata semejante organismo. ¡Ah, sí!...¿Y qué me dice también sobre toda esa ropa y vestiditos que nos ponemos de esos modistas amanerados que se les churretea el culo, sólo para lucirnos y nada más? La luxus lady de mi mujer, por ejemplo, es una de ellas. Un día que estuvimos paseando en un centro comercial por Frankfurt, ella toda cariñosa se me acercó y con su mirada de mujer que sabe siempre lo que quiere, me dijo: “Ay, mi amor, ¿no crees que esta linda cartera de cuero de lagarto Armani se vería también linda con este par de zapatos amarillos Coco Chanel que me acabo de comprar?” Lógicamente casi le digo: “¿Cartera?... Tú estás loca, mujer, ¿a quién quieres impresionar? Pero si ésta sería la décima bolsa de cuero que te compras en dos meses, aparte, claro, de los cien pares de zapatos que ya tienes en el closet...”
Mis amigos lectores, como diría el gran Rubén Blades en su preciosa canción de “Tiempos” que también la he incluido más abajo en este post, que para todo hay un tiempo, hasta para morir, esta vez le tocó el tiempo de partir también a mi querido padre, para ir a juntarse seguramente con mi madre allá, al otro lado. Y bueno, por eso que para mí sería también un gran honor compartir ese sentimiento de perdida y dolor que ahora siento por él con ustedes, regalándoles esta vez un emotivo pasaje de mi novela "¿Por qué a mí?”, que escribí en el año 2003 y que ha sido editada también por segunda vez y traducida al alemán, el año pasado.
Fue la Navidad más bonita de mi vida y probablemente también la última con ellos. Podía sentir la emoción de mi madre cuando le cambiaba la ropa, le daba las pastillitas, le echaba talquito en el cuerpo adolorido y dormía junto a ella tal como lo hacía Filo. Podía escuchar sin que me dijese una sola palabra: gracias hijo, cómo me gusta que me atiendas, estoy orgullosa de ti. A mi padre en cambio le ayudé en la noche a levantarse de la silla, para que pudiera acostarse en la cama; le acomodé en la bacinilla para que pudiera también hacer sus necesidades. Todo me daba una satisfacción indescriptible que nunca antes había sentido y muy diferente a las que hasta ahora había experimentado. Cuando cenamos los tres solos, no sentía necesidad de estar con nadie más. Comimos pavo y luego brindamos con un vino chileno bien añejo, a mi padre le encantaba el buen vino; pusimos villancicos navideños y nos repartíamos los regalos, que no eran gran cosa: un par de medias, ropa de dormir para mi madre, una colonia de afeitar para mi padre, un shampoo para Toribia, unos cuantos dulces y una botella de un buen vino francés para las enfermeras.
No me salían las palabras. Ella no podía hablar, pero sus ojos decían todo, brillaban de alegría, como si fuera una criatura a quien le hubieran hecho el mejor regalo. Me agarró fuerte con la mano que todavía podía mover y me entregó una foto de aquella bella rosa que una vez había plantado para mí y que la había bautizado con mi nombre. Se veía esplendorosa. En el dorso había escrito: “para la felicidad eterna de mi hijo.” Al verla me acordé inmediatamente de lo último que me dijo Alberto aquel día cuando yo estaba dispuesto a quitarme la vida: “y ahora sé optimista y no olvides que entre las espinas también crecen las rosas.” Esa rosa me daba como mensaje que después de un sacrificio obtendría una satisfacción. Ahora me sentía triste, pero al mismo tiempo contento porque sabía que a mi madre le había brindado esa noche el calor de mi cuidado, haciéndola muy feliz. La besé en la frente y se volteó, quería dormir y mientras la veía con los ojos cerrados, le decía despacito:------------------------------------------------------------
Carlos Alberto Luján Ramírez ( † 10.06.1921- 30.01.2009), pionero de la aviación civil en el Perú.



